Entrenar la creatividad no es solo generar ideas; es aprender a ver con claridad aquello que antes estaba oculto. En muchas dinámicas creativas, sobre todo en entornos colaborativos, tendemos a saltar demasiado pronto a la solución, sin entender bien el problema o sin explorar las distintas perspectivas que hay sobre él. El ejercicio de El Faro plantea una metáfora poderosa: un faro no mueve a los barcos, solo ilumina el camino. Con este ejercicio aprenderás a separar lo esencial de lo accesorio, a identificar riesgos, oportunidades y nuevas rutas posibles, y a transformar retos complejos en formulaciones más claras y accionables.
Este ejercicio está diseñado para realizarse en grupo, ideal para sesiones de team-building, brainstorming, facilitation workshops o cualquier contexto creativo en el que se necesite reorganizar el pensamiento colectivo y avanzar con foco y claridad.
Qué ganarás realizando el ejercicio El faro
Realizar la dinámica de El Faro no solo te ayudará a generar ideas, sino también a observar los problemas desde nuevas perspectivas y trabajar en equipo con claridad y enfoque. Este ejercicio potencia la creatividad colectiva y te permite transformar retos complejos en oportunidades concretas.
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- Claridad y enfoque: distinguir lo esencial del ruido y reducir la sensación de caos frente a problemas complejos.
- Detección de oportunidades: transformar dificultades en acciones y rutas posibles hacia la solución.
- Sensibilidad creativa: identificar matices y aspectos importantes que normalmente pasan desapercibidos.
- Fluidez de pensamiento: liberar la mente y reorganizar la información de manera estratégica.
- Trabajo colaborativo efectivo: combinar perspectivas del grupo y construir un mapa colectivo de acción.
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Explicación ejercicio «El faro»
El ejercicio «el Faro» es una dinámica que ayuda a un grupo a abordar problemas o retos complejos que, en un primer momento, parecen no tener una solución clara o respecto a los cuales no se sabe ni siquiera por dónde empezar. El objetivo no es encontrar la mejor solución directamente, sino hacer visible lo que hasta ahora estaba oculto, reducir el ruido y iluminar posibles soluciones o, al menos, los primeros pasos necesarios para comenzar a avanzar.
La clave del ejercicio está en entender una idea fundamental: un faro no mueve a los barcos, solo ilumina el camino. De la misma manera, este ejercicio no obliga a encontrar respuestas inmediatas, sino que ofrece señales, perspectivas y puntos de partida para llegar a la mejor solución.
Paso 0: Definir el reto
El primer paso consiste en definir claramente el reto, problema o dificultad que se quiere trabajar. Debe tratarse de un desafío real, preferiblemente complejo, que genere dudas o bloqueo en el grupo.
| Ejemplo: Queremos aumentar un 20 % la participación en nuestras formaciones internas, pero nos cuesta motivar al equipo.” |
A diferencia de otras dinámicas, en El Faro no se dividen las personas en grupos fijos, sino que todo el equipo pasa por distintos momentos del ejercicio. En un primer momento, todos actuarán como Barcos y, más adelante, todos asumirán el rol de Faro. Esto permite que no haya tiempos muertos y que el ejercicio funcione tanto con grupos pequeños como grandes.
El papel del farero (facilitador) será guiar los tiempos, explicar cada fase y asegurar que se respeten las reglas del juego.
Paso 1: Barcos de dificultades
En esta fase, todas las personas del grupo actúan como Barcos. Durante un tiempo determinado (entre 5 y 10 minutos), cada participante escribe todas las dificultades, limitaciones o problemas que percibe en relación con el reto planteado.
Cada dificultad debe escribirse en un post-it independiente y colocarse sobre la mesa, que simboliza “el mar”. En este momento no importa que se repitan ideas; lo importante es escribir sin filtro y volcar todo lo que venga a la mente.
Una vez finalizado el tiempo, el farero o facilitador se encarga de agrupar y eliminar los post-its repetidos, dejando únicamente los conceptos únicos y creando un mapa claro de obstáculos.
IMPORTANTE: Durante esta fase no se juzga ni se buscan soluciones. El objetivo es liberar ruido mental, desahogar bloqueos y recopilar información clave sobre el reto.
| Etapa del proceso creativo: Preparación. En esta fase se recopila información, se identifican obstáculos y se liberan bloqueos mentales, sentando las bases para la generación de ideas y la posterior iluminación. |
Paso 2: Iluminando el mar
Una vez que el “mar” contiene los conceptos únicos, el grupo pasa al momento Faro. Durante un tiempo aproximado de 5 a 8 minutos, todas las personas observan los post-its y deciden cuáles merecen ser iluminados. Cada participante puede marcar como máximo dos círculos rojos y dos círculos verdes, utilizando rotuladores o bolígrafos de colores:
🔴 Círculo ROJO: riesgos críticos que podrían bloquear el avance.
🟢 Círculo VERDE: problemas que pueden convertirse en oportunidades.
Esta limitación obliga a priorizar y evita que todo sea iluminado. No se trata de ir rápido, sino de reflexionar antes de marcar cada post-it.
Una vez terminado el tiempo, el farero (facilitador) eliminará todos los post-its que no han sido iluminados, permitiendo que el grupo centre su atención únicamente en lo esencial.
| Etapa del proceso creativo: Iluminación. Se generan claridad e insight, facilitando nuevas conexiones y preparando el camino para la reconstrucción y generación de soluciones. |
Paso 3: Silenciando el ruido
Una vez finalizada la fase de iluminación, el ejercicio entra en un momento clave: la desaparición del ruido. En esta fase, es el farero o facilitador quien toma el control del proceso.
El farero explica brevemente al grupo que todo aquello que no ha sido iluminado desaparecerá, no porque no exista, sino porque en este momento no es prioritario. A continuación, es el propio facilitador quien retira físicamente de la mesa todos los post-its que no han recibido ninguna señal, dejando visibles únicamente los riesgos críticos y las oportunidades iluminadas.
Este gesto, sencillo pero muy potente, tiene un fuerte impacto cognitivo y emocional. Al despejar el “mar”, el grupo reduce la carga mental, suelta información innecesaria y deja de intentar abarcarlo todo. El reto deja de percibirse como un conjunto caótico de problemas y pasa a convertirse en un mapa mucho más claro y manejable.
El papel del farero en esta fase es fundamental: al eliminar el ruido de forma externa y visible, ayuda al grupo a soltar aquello que ya no necesita atender, creando el espacio mental necesario para que el reto se reconfigure internamente antes de pasar a la acción.
Tiempo recomendado: 2–3 minutos, en silencio o con una breve pausa reflexiva.
| Etapa del proceso creativo: Incubación. Aquí el problema se reconfigura de manera interna. Al reducir el ruido y permitir una pausa, el cerebro comienza a reorganizar la información y a generar nuevas conexiones sin forzar soluciones. |
Paso 4: Reconstrucción creativa
Con el “mar” despejado y solo los elementos clave visibles, el grupo ya no trabaja desde el bloqueo, lo que le permite entrar en la fase de reconstrucción creativa. En este paso, todas las personas trabajan sobre los post-its iluminados, transformando los problemas en oportunidades y generando acciones concretas.
Cada participante elige un barco (post‑it) que solo será suyo, descartando los demás barcos del mar. En el caso de que haya pocos post-its y no haya suficientes para todos los participantes, sí se podrá trabajar sobre un mismo barco entre varias personas, buscando que todos tengan la oportunidad de participar activamente. Durante un tiempo recomendado de 10 a 15 minutos, cada persona o subgrupo trabaja sobre cuatro elementos clave:
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- Nueva formulación del reto: replantear el problema desde la información iluminada, expresándolo de forma más clara, abierta y accionable.
- Idea faro: generar una idea guía que sirva de referencia para orientar el camino, sin ser necesariamente la solución definitiva.
- Primer paso viable: definir una acción concreta y realizable que permita iniciar avances inmediatos.
- Idea verde: proponer una acción atrevida o poco convencional que abra nuevas posibilidades y fomente la innovación.
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Durante esta fase, el farero/facilitador guía el proceso, recordando los tiempos, asegurando que todos participen y animando a que se combine información, se explore y se experimente sin miedo al error. No se trata de llegar a la “mejor” solución de inmediato, sino de generar un abanico de opciones y caminos posibles a partir de la información iluminada.
| Etapa del proceso creativo: Evaluación y Verificación. En esta fase, el grupo analiza, sintetiza y valida opciones, transformando la información y los insights en propuestas accionables y direcciones concretas, listas para ser exploradas o implementadas. |
Paso 5: Creando la nueva hoja de ruta
Una vez finalizado el paso de reconstrucción creativa, llega el momento de compartir los resultados. Cada participante presenta su plantilla completa, mostrando la idea faro, el primer paso viable y la idea verde para el concepto que trabajó.
El farero/facilitador lidera esta puesta en común, registrando en su propio documento un resumen de cada problema trabajado, destacando las mejores ideas y soluciones propuestas por el grupo. De todas estas nuevas formulaciones, el facilitador deberá elegir 3 conceptos clave, que se convertirán en las rutas prioritarias a trabajar y marcarán los primeros pasos viables del equipo. Esta acción permite que toda la información generada quede centralizada, clara y estructurada, facilitando la creación de una hoja de ruta inicial basada en claridad, foco y creatividad aplicada.
Durante esta fase, los participantes pueden contrastar y comentar las ideas mutuamente, fomentando inspiración cruzada y permitiendo detectar nuevas oportunidades o enfoques que antes no eran visibles. Es un momento de síntesis colectiva donde se convierte el trabajo individual en un plan compartido y accionable.
Tiempo recomendado: 5–10 minutos, dependiendo del tamaño del grupo y la cantidad de post-its trabajados.
Factores del pensamiento creativo ejercitados: Sensibilidad y Fluidez
El ejercicio El Faro entrena la creatividad desde una idea clave: ver mejor el problema antes de intentar resolverlo. Por ello, uno de los factores principales que se trabajan es la sensibilidad creativa, entendida como la capacidad de detectar dificultades, tensiones y matices que normalmente pasan desapercibidos. La fase de Barcos de dificultades ayuda al grupo a observar el reto sin juicio ni urgencia, haciendo visible información relevante que suele quedar oculta.
Junto a la sensibilidad, el ejercicio potencia la fluidez del pensamiento creativo. Al permitir que las dificultades se expresen sin filtro ni jerarquía inicial, se reduce la autocensura y se libera el pensamiento, facilitando que la información fluya y se reorganice con mayor claridad.
A partir de estos dos ejes, El Faro activa otros factores de forma natural: la flexibilidad cognitiva, al incorporar múltiples perspectivas; la redefinición del problema, al separar lo esencial de lo accesorio; y el criterio creativo, al priorizar sin eliminar complejidad. Todo ello se da en un contexto de creatividad colaborativa y metacognitiva, donde el grupo no solo genera contenido, sino que toma conciencia de cómo piensa y decide.
Partes del cerebro empleadas en este ejercicio
En El Faro, la creatividad surge de la coordinación de varias redes cerebrales más que de una única área específica. La corteza prefrontal interviene en la planificación, priorización y control cognitivo, fundamentales para decidir qué información es relevante y qué se descarta. La red de modo por defecto facilita la reflexión interna y la generación de conexiones entre ideas durante las pausas y la reorganización de la información.
Las redes ejecutiva y atencional permiten mantener el foco, evaluar opciones y transformar los insights en acciones concretas. Además, al ser una dinámica grupal, se activan sistemas de cognición social, relacionados con la empatía, la toma de perspectiva y la construcción de significado compartido.
En conjunto, el ejercicio entrena la flexibilidad y coordinación entre estas redes, habilidades clave para afrontar retos complejos de manera colaborativa y creativa.
Objetivo del ejercicio
El Faro tiene como objetivo principal transformar la manera en que un grupo enfrenta retos complejos. No se trata solo de buscar soluciones inmediatas, sino de aprender a ver con claridad aquello que antes estaba oculto, separando lo esencial del ruido y descubriendo oportunidades que normalmente pasan desapercibidas. Este ejercicio convierte la incertidumbre y la confusión en un espacio de exploración y enfoque, donde cada participante aporta su mirada única mientras el grupo construye un mapa colectivo de entendimiento.
A través de la dinámica, se potencia la sensibilidad creativa y la fluidez del pensamiento, entrenando la capacidad de detectar matices importantes, generar abundancia de ideas y reorganizar la información de forma estratégica. El grupo aprende a priorizar lo que realmente importa, a identificar riesgos y oportunidades, y a definir caminos claros hacia la acción.
Referencias
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